Este 24 de setiembre, falleció Washington Bocha Benavidez, poeta uruguayo y docente de nuestra Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación (FHCE). El velatorio se realizó durante la madrugada del 25 de setiembre en Martinelli.

Músico, escritor y docente universitario, Washington Benavidez tenía 87 años. A mediados de agosto sufrió un quebranto de salud del que no pudo recuperarse. «Ha sido intervenido quirúrgicamente en una arremetida al estilo de Don Quijote contra los molinos para salvar su vida», informó entonces su hijo Pablo.
Washington Benavidez nació el 3 de marzo de 1930 en Tacuarembó. Su abundante labor de creación poética lo sitúa entre los poetas más importantes de su generación. En 1955 publicó su primer libro de poesía, Tata Vizcacha. Fue uno de los integrantes del Grupo de Tacuarembó, del cual también formaron parte otros poetas y músicos de ese departamento como Eduardo Larbanois, Eduardo Darnauchans, Héctor Numa Moraes y su sobrino Carlos Benavidez, junto al que editó varios discos como Benavides y Benavides y Las milongas. Fue docente de literatura primero en Educación Secundaria y más tarde en la FHCE, en el Instituto de Letras.
Sus poemas fueron versionados en canciones por artistas como Daniel Viglietti, Alfredo Zitarrosa, Héctor Numa Moraes, Los Olimareños, Los Zucará y Abel García entre otros. Actualmente dirigía el Taller de Creación de Canciones de Bienestar Universitario junto a Héctor Numa Moraes y Mario Paz.
El 14 de abril de 2016 fue homenajeado en el Paraninfo de la Universidad por el colectivo de la FHCE. En aquel momento el decano, Álvaro Rico, lo definió como un «luchador», «expulsado en 1975 por la dictadura uruguaya de su cargo de profesor» y que sufrió la quema de un ejemplar de su primer libro, Tata Vizcacha (1955), el único en la historia de nuestro país que fue quemado en un acto público, remarcó Rico.
El decano explicó además que el homenaje había nacido de los funcionarios de FHCE, «quienes han cultivado una amistad personal, que trascendió […] para generar esta iniciativa colectiva, tomada también por la Asociación de Docentes de la Facultad».
A su turno, Benavidez leyó un texto titulado «Balbuceo respuesta del homenajeado», en el cual agradeció el reconocimiento y se definió como un «hombre común, sencillo, con un padre maestro de la guitarra criolla y una madre maestra rural».
El músico recordó «los muchos destinos que inició: algunos fueron concretados, algunos permanecieron en hibernación, otros fueron ilusiones del viejo y de la vieja». Reconoció que le han sido otorgados «los galardones máximos» (Gran Premio Nacional a la Labor Intelectual del Ministerio de Educación y Cultura, académico de honor de la Academia Nacional de Letras y Premio Morosoli de Oro), que AGADU tiene registradas más de quinientas canciones de su autoría, y que «para no habituarse al ocio», desde 2008 dirige el Taller de Creación de Canciones de Bienestar Universitario junto a Héctor Numa Moraes y Mario Paz.
«De aquí saldré a escribir en mi computadora algún poema que le saque punta a lo que me acontezca esta noche». «Estoy muy agradecido, sépanlo», concluyó aquel día.

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