La primera Biblioteca Digital y Accesible (Bidya) de Uruguay fue desarrollada por un equipo interdisciplinario integrado por la Universidad de la República (Udelar), la Unión Nacional de Ciegos del Uruguay (UNCU) y el Ministerio de Desarrollo Social (Mides). Su lanzamiento se realizó este miércoles y pronto impulsará la movilización de esfuerzos en las bibliotecas universitarias para sumar más materiales a la colección.

La biblioteca tiene como principal objetivo favorecer el tránsito y la permanencia de personas con discapacidad visual en todos los niveles de enseñanza. Estará funcionando activamente a comienzos de 2018. Antes se realizará el registro de las personas con discapacidad visual que pueden tener acceso a la colección. Hasta ahora ya reúne cerca de quinientos libros correspondientes a los planes de estudio de los niveles de enseñanza primaria y media.

El proyecto Bidya está enmarcado en el Tratado de Marrakech que exige, con estatus de ley, facilitar el acceso a las obras autorales en formatos alternativos destinados a personas ciegas, con discapacidad visual o con otras dificultades para acceder al texto impreso. Al momento ya cuenta con la ratificación de 31 países; en Latinoamérica Uruguay fue el primero en ratificarlo.
No hay estadísticas actuales que aporten un panorama sobre la discapacidad visual en Uruguay. Los datos relevados en el Censo de 2011, indican que hay 23 mil personas en esa situación.
Algunos cientos se vinculan con centros educativos especializados en discapacidad visual. En cuanto a su participación en el sistema educativo formal, datos previos a 2010 señalan que en la educación media la tasa de abandono promedio de la población con discapacidad visual supera el 78 %. Entre los que culminan sus estudios secundarios, apenas el 12 % ingresa en el nivel terciario. Esta fue la motivación principal para crear la biblioteca, según relató la responsable del proyecto, Virginia Rodés, en diálogo con el Portal de la Udelar. Rodés es Coordinadora del Núcleo Interdisciplinario de Recursos Educativos Abiertos Accesibles (REA), que ejecutó el proyecto, y del Programa de Entornos Virtuales de Aprendizaje (Pro EVA) de la Udelar.

¿Cómo surgió esta iniciativa?

Previo a la conformación del Núcleo REA los distintos grupos veníamos trabajando con temas de accesibilidad y ya teníamos algún tipo de articulación con UNCU. Cuando en 2013 se aprueba el Tratado de Marrakech, empezamos a concebir esta idea. Formulamos el proyecto, buscamos financiamiento por diferentes ámbitos hasta que presentamos la propuesta en 2016 a la convocatoria de los premios Frida, de LACNIC, y quedamos seleccionados, entre quinientas propuestas de toda la región, con otros dos proyectos de otras categorías. ¿Por qué la necesidad? tiene que ver con las trayectorias estudiantiles. En esta etapa nos centramos en enseñanza primaria y media, porque según el censo de estudiantes 2012 de la Udelar, 1,3 % de los estudiantes se definen a sí mismos como con una discapacidad. De ese 1,3, el 29,2 % dice que tiene discapacidad visual. Entonces es un número muy pequeño de gente que llega a la Universidad. Realmente no hay un buen seguimiento estadístico del tema de la población con discapacidad en Uruguay, especialmente en cuestiones educativas, pero algunos estudios que se hicieron antes de 2010 ponen en evidencia que el acceso a los materiales de estudio es una limitante para la continuidad de este grupo, ya no tanto en primaria, pero sí en secundaria.
Desde ANEP se han hecho muchísimos esfuerzos en los últimos años, de hecho hay un área donde hacen adaptación de los materiales específicamente para las discapacidades de cada uno, personalizada. Pero también hay abandono. También veíamos que, si llegaban a la Universidad, había una demanda no resuelta de accesibilidad a los libros de las bibliotecas: no la tienen. El Núcleo se enfoca en el acceso a materiales educativos, entonces nos interesó este proyecto, al contar con un instrumento muy potente que es el Tratado de Marrakech, que establece excepciones a los derechos de autor. En este caso se ha trabajado muy articuladamente con el Consejo de Derechos de Autor, en la órbita del MEC [Ministerio de Educación y Cultura], porque paralelamente estaban trabajando en el texto de la implementación del tratado en el Uruguay.

¿En qué consiste el proyecto?

La Bidya es un sistema que integra tres componentes: uno es la digitalización y adaptación de obras que están en formato impreso, a las que se les hace un tratamiento para que puedan ser accesibles para las personas que tienen baja visión, ceguera u otras dificultades para acceder a un texto impreso, como por ejemplo alteraciones neurológicas. Las obras se digitalizan y se adaptan para transformarlas en un formato pdf que sea legible por máquinas. Es como si se hiciera una obra nueva sobre la anterior, a partir de las excepciones y limitaciones que establece el tratado.
Un segundo componente es más de tipo tecnológico, es el desarrollo de un portal accesible y un repositorio, con un sistema de catalogación de esas obras con estándares de accesibilidad, los metadatos, las descripciones que tienen las obras de modo que puedan ser encontradas y utilizadas. Hay todo un desarrollo en el montaje de un portal de entrada a la biblioteca, que también es accesible, que además aporta algunas cuestiones de formación y que permite el ingreso del usuario una vez que se identifica.
En este caso estamos trabajando en el desarrollo de una excepción que tiene que ser apropiada por la comunidad. Es un trabajo que va a continuar, este es el inicio, entonces teníamos que garantizar que estuviese en un contexto que diera sostenibilidad. Para eso uno de los primeros acuerdos que hicimos fue con el Seciu [Servicio Central de Informática Universitaria], porque la Bidya va a figurar como una colección alojada dentro del repositorio Colibrí, que tiene bibliotecólogos detrás, con una gestión profesional. Colibrí es de acceso abierto, pero va a contener esta colección con excepciones dirigidas solamente a las personas con esta discapacidad. Los demás no pueden acceder a esas obras. La biblioteca solamente va a poder ser accedida a través de usuario y contraseña, que en esta primera etapa van a otorgar el Mides y la UNCU.
El tercer componente tiene que ver con las estrategias de adopción de la biblioteca. Para que tenga continuidad vamos a tener que generar más dispositivos de formación, difusión, capacitación de los usuarios, y también de docentes, de bibliotecarios, bibliotecólogos, para poder ir incorporando nuevos materiales. Es decir, el objetivo es que haya nuevas bibliotecas que digitalicen su acervo, que le hagan un tratamiento accesible y lo puedan incorporar a esta colección.

¿Quiénes ejecutaron estas etapas?

Todo el trabajo está dentro del Núcleo REA, pero cada componente tuvo diferentes responsables. En UNCU se trabajó en la digitalización y tratamiento de las obras. Ellos ya tenían una trayectoria muy rica, venían trabajando en eso, pero lo hacían a demanda: los usuarios les pedían determinado material y ellos lo adaptaban. La diferencia con el trabajo para la Bidya es que no se incorporaron a demanda, sino que se trabajó con las bibliotecas para identificar cuáles son las obras más utilizadas en los planes de estudio de primaria y enseñanza media, en esta etapa.
En el segundo componente estuvo Seciu, el Grupo de Sistemas de Información Semánticos y el Instituto de Computación de la Facultad de Ingeniería, y en el tercero, estamos trabajando desde el ProEVA y el Grupo de Investigación en Alfabetización en Información de la Facultad de Información y Comunicación (FIC).

¿Se podrá acceder desde cualquier dispositivo?

Sí, en Uruguay obviamente la cobertura del Plan Ceibal nos permite tener un punto de partida sólido para que las personas puedan acceder. Hay algunas dificultades con las máquinas que aporta Ceibal para las personas ciegas, porque algunos de los softwares que ellos utilizan no son libres, pero hay un área de Antel que está trabajando fuerte en el desarrollo de lectores de pantalla accesibles para software libre. Las organizaciones de ciegos tienen terminales a disposición en sus locales, pero la idea es que justamente las personas puedan acceder desde sus casas. Es la gran diferencia, porque antes tenían que trasladarse, la gente del interior venir a Montevideo, acercarse a UNCU, pedir que le adaptaran algún material o contactar con el área de ANEP que trabaja en ese tema. La idea es aportar un único espacio desde donde todas las obras puedan ser accedidas desde cualquier lugar.

¿De qué forma esperan llegar a más usuarios?

Nuestra idea es buscar alianzas con bibliotecas municipales y con otras, con todos los dispositivos que tiene el MEC, como el área de educación no formal, apostar al trabajo fuerte con los bibliotecólogos, al establecimiento de alianzas con las bibliotecas porque funcionan como interfaz. Y utilizar todas las estrategias que pueda haber de sensibilización de la población en general y de difusión, con referentes como los maestros, profesores, la gente que está en la comunidad trabajando, que puede orientar y llegar a padres y madres. Estamos haciendo un esfuerzo muy grande de difusión, recorriendo radios, etcétera, para que las personas se enteren de que cuentan con esta alternativa.

Hasta ahora se ingresaron quinientos textos de uso en primaria y enseñanza media, ¿cómo seguirá creciendo la colección?

La idea ahora es trabajar especialmente con las bibliotecas de la Universidad. Pensamos comenzar con un piloto de digitalización en alguna de ellas, inclusive estamos presentándonos para tener algún financiamiento para llevarlo adelante. Estamos pensando en la Facultad de Psicología, que ya tiene una comisión dedicada a cuestiones de discapacidad, además la decana está muy vinculada al tema, y la facultad sensibilizada con la discapacidad. También pensamos en la de Ciencias Sociales. Hay estudiantes con discapacidad visual en esas dos facultades, en la FIC, en la de Derecho, en la de Humanidades y Ciencias de la Educación. Obviamente la dinámica de carga de materiales en la Bidya va a ser continua porque las organizaciones van a seguir aportando, incluso el MEC se contactó con nosotros por la posibilidad de incluir un repositorio que ellos ya tienen. Es decir, se van a dar esas situaciones y creemos que se puede dar un espacio de confluencia.

¿Cuándo se podrán registrar los usuarios?

En la División Jurídica de la Udelar está finalizando el proceso para aprobar la excepción a los derechos de autor para el repositorio Colibrí. Por otro lado estamos trabajando en la elaboración del protocolo de usuario, que ha pasado por diferentes etapas de valoración. En principio la acreditación de los usuarios va a estar a cargo de UNCU y de Mides, a través de alguna documentación que certifique que la discapacidad. También estamos trabajando en el protocolo de descarga de materiales —quiénes pueden mandar, cómo lo tienen que hacer—, y estimamos que a partir de setiembre los usuarios se podrán estar acreditando. Pensamos que la biblioteca va a estar plenamente funcional a principios del año que viene. Estamos coordinando con la Escuela n.° 17, especializada en discapacidad visual. Los niños y jóvenes que van a esa escuela van a ser los primeros con los que vamos a trabajar. También nos vinculamos con usuarios de UNCU, que nuclea a cuatrocientas personas. Estimamos que al principio podremos alcanzar a mil usuarios. La biblioteca también puede ser utilizada ante una discapacidad transitoria; hay personas que pueden necesitarla por un período y luego no.

¿El Núcleo REA va a brindar capacitación a docentes?

Sí, este miércoles vamos a hacer la primera formación dirigida a docentes, con cincuenta inscriptos. Son maestras, profesores, bibliotecarios. Se va a seguir desarrollando formación en UNCU y también en la escuela, cuando esté todo funcional.

¿Qué acciones se vienen realizando en la Udelar para la integración de estudiantes con discapacidad visual?

Creo que en los últimos años la Udelar ha avanzado bastante en la visibilización del problema de la atención a la discapacidad. El solo hecho de haber incluido la pregunta en el censo de 2012 aportó mucho en identificar el problema. En muchas facultades se viene trabajando con mayor presencia del tema, en cuestiones de accesibilidad física de los centros de estudio, con ascensores, rampas. El Portal de la Udelar ha sido precursor en cuestiones de accesibilidad digital, y se ha intentado avanzar en varios sitios web de los servicios, con mayor o menor éxito. En el ProEva trabajamos con estándares de accesibilidad del entorno moodle y tenemos un EVA accesible, donde garantizamos que los materiales son accesibles, y en el que hemos trabajado junto con otras instituciones. El Mides, por ejemplo, viene utilizando el EVA accesible en el desarrollo de formación para funcionarios del Estado sobre accesibilidad.

 

El Núcleo REA está conformado por el Grupo de Sistemas de Información Semánticos y el INCO, de la Facultad de Ingeniería, ProEVA, de la Comisión Sectorial de Enseñanza, el Grupo de Investigación en Alfabetización en Información de la FIC, el Programa de Apoyo Informático a la Diversificación de la Enseñanza, la Unidad de Asesoramiento y Evaluación de la Facultad de Ciencias Sociales y el Departamento de Pedagogía, Política y Sociedad del Instituto de Educación de la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación. Desde la sociedad civil integran el núcleo la Unidad de Políticas Públicas de Discapacidad del Mides, la UNCU y Creative Commons Uruguay.

 

*Noticia tomada de: http://universidad.edu.uy

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