Este miércoles 8 se presentó el libro El Programa Maestros Comunitarios, un trabajo enmarcado en los sucesivos convenios firmados entre la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación (FHCE) y el Programa Maestros Comunitarios (PMC) del Consejo de Educación Inicial y Primaria (CEIP).

Eloísa Bordoli, coordinadora de la publicación, subrayó su carácter colectivo, ya que reúne artículos de maestros comunitarios y asistentes territoriales del programa. También el inspector de Educación Rural del CEIP, Límber Santos; Antonio Romano, del Instituto de Educación de la FHCE, quien formó parte del equipo de asesoramiento técnico y Rosario Ramos, coordinadora del PMC, entre otros, plasmaron sus reflexiones.
Para Bordoli, docente del Departamento de Enseñanza y Aprendizaje, el PMC «achica la distancia entre la comunidad y la escuela».
Graciela Almirón, la primera coordinadora que tuvo el PMC, aprovechó la ocasión para hacer un recorrido por la historia del programa desde su fundación en el año 2005, cuando se decidió su implementación «a nivel nacional». Para ella fue fundamental el trabajo interdisciplinario con organizaciones civiles y con la Universidad a través de la FHCE.
Almirón opinó que después de once años de trabajo el dispositivo sigue vigente y se ha ido adaptando. Destacó además que el libro «enaltece la figura del maestro comunitario» (MC) y es una herramienta valiosa, pues todavía hay mucho para aprender de la experiencia.
A su turno, el coordinador Instituto de Educación, Pablo Martinis, enmarcó el trabajo dentro de los fines de la Universidad de la República establecidos el artículo 2 de su Ley Orgánica, y de la defensa y promoción de los derechos humanos que se ha planteado como objetivo la FHCE.
Para Martinis, el PMC «aporta dos cuestiones fundamentales que debe tener una educación que se acerque un poco más a cómo queremos que sea la educación y la sociedad. Por un lado, el reconocimiento del niño como sujeto de la educación, más allá de la situación vital en la cual trascurra su cotidiano. Por otro, reconoce en el aprendizaje de los niños un lugar para los adultos, incorporándolos también como sujetos de una potencialidad y “aliados pedagógicos”, como establece el programa. Estos dos componentes del programa justifican con creces todos los esfuerzos que se puedan hacer para apoyarlo».
Por otra parte, el profesor opinó que el PMC se ha desarrollado en el marco de una política educativa que en los últimos once años ha estado «cruzada por muchas disputas y a la que le ha costado mostrar una perspectiva integrada y coherente». «En un país donde la política educativa se reinventa cada cinco años», el programa siempre interpeló «las visiones más conservadoras existentes en el repertorio pedagógico nacional», destacó.
Además, se mostró preocupado por la difusión de la concepción, en torno a niños y adolescentes de sectores populares que viven en situación de pobreza, que los comprende desde sus incapacidades y carencias. «Aquello que alguna vez llamamos el “niño carente” goza todavía de muy buena salud», sentenció. Según explicó, «esto lo podemos apreciar a través de un comandante en jefe del Ejército que quiere constituir a los cuarteles como espacios para recuperar a unos “ni-ni”. También en las respuestas sindicales ante las situaciones de violencia en las instituciones educativas y en el uso que mucha veces se le da a la noción de inclusión educativa, desde perspectivas que parecen seguir colonizadas por componentes asistencialistas y compensatorios».
En opinión de Martinis, reconocer el lugar central del docente en el proceso educativo, cuando este no esta regido por la renuncia o la impotencia, es central para el debate político-pedagógico. «Este libro que mira al PMC con cariño, pero sin complacencia, y que trata de avanzar en la producción de lenguaje que nos permita nombrar lo nuevo, es para mí un excelente aporte a este debate».

A su turno, los maestros comunitarios Teresa Nogués, Federico Maritán y Pablo Meneses repasaron los rasgos particulares del programa, y destacaron el impacto que genera en los vecinos que el maestro salga a la calle y camine por su barrio, y por otra parte el impacto que genera en la familia del niño que el maestro ingrese a su casa para enseñar. Según Maritán las familias «ofrecen todo lo que tienen» para apoyar en la tarea educativa, a la vez que subrayó que los maestros comunitarios no son maestros de apoyo, sino que su rol pedagógico es «recuperar el deseo de aprender y acercar a la familia y a la escuela», resumió. A su vez, según explicó el maestro, el PMC puede influir también dentro de la escuela ya que ayuda a pensar y elaborar «la propuesta y objetivos que se plantean en el aula».
Los trabajadores coincidieron en que el programa permite que el docente se plantee estrategias pedagógicas diferentes a las del aula, las que a su vez impactan en la manera de mirar y actuar de la escuela como colectivo, tanto en la relación con los niños, la familia y la comunidad, como al interior de la institución, habilitando otras formas de funcionamiento.

Ver o descargar libro El Programa Maestros Comunitarios

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