«Desafíos para una antropología desde el sur» se tituló la conferencia de clausura de la XI Reunión de Antropología del Mercosur (XI RAM) que dictó el argentino Alejandro Grimson el viernes 4 de diciembre de 2015 en el Paraninfo de la Universidad de la República.

Grimson invitó a antropólogos y estudiantes presentes a «hablar de algo que no es de lo que más hablamos»: «¿Qué puede significar hoy una antropología políticamente comprometida con el presente de cada una de nuestras sociedades?», interrogó, y esa pregunta intentó responder.
Grimson cursó estudios de Comunicación en la Universidad de Buenos Aires, es doctor en Antropología por la Universidad de Brasilia y docente del Instituto de Altos Estudios Sociales de la Universidad Nacional de San Martín.
«Necesitamos del compromiso político de la antropología: 2015 es un mundo que se deshace ante nuestros ojos, todo lo sólido se desvanece en el aire. A un mundo complejo solo le valen compromisos complejos», expresó. Aclaró que hablaba de compromiso «en el sentido del interés de preguntarnos acerca de cómo el conocimiento antropológico puede contribuir a una crítica de las relaciones de poder social y culturalmente instituidas».

Generalización antropológica

Grimson identificó como un avance contundente el «reconocimiento de la heterogeneidad social, cultural y política de América Latina», pero también mencionó las alianzas, como el Mercosur o la Unasur, que marcan que «nuestras heterogeneidades no implican desconocer las dinámicas del mundo global y el hecho de cuánto tenemos para ganar articulando nuestro posicionamiento latinoamericano frente al proceso de globalización».
Distinguió una «convergencia divergente» en «las transformaciones macropolíticas vividas en este siglo en varios países de Sudamérica». Dijo que «por una parte las situaciones locales son sumamente distintas y cambiantes, por ejemplo en Venezuela, Uruguay, Bolivia, Chile, Argentina, Ecuador, y por otra parte todos sabemos que han existido y existen contemporaneidades latinoamericanas, o en algunos casos sudamericanas. Podemos referirnos a los momentos específicamente en el Cono Sur de las dictaduras, a los retornos a la vida constitucional, a los auges del neoliberalismo o en este caso a ocho países que atravesaron o atraviesan situaciones […] que podemos denominar “posneoliberales” o sea, excepto Colombia y Perú, el resto de los países latinoamericanos atravesaron o atraviesan esas realidades».
Expresó que la antropología, como disciplina, no tiene que saldar los debates políticos, pero tiene que «contribuir a comprender no solo cada uno de los puntos de vista en juego, también necesitamos comprender las lógicas de constitución de esos puntos de vista, las perspectivas no derivan de alguna naturaleza cultural sino que son nodos de tramas sociales y de subjetividades en transformación», consideró. «Es difícil imaginar un mundo con mayor incomprensión que el actual, sociedades con mayor distanciamiento entre grupos que se perciben mutuamente como otros», expresó, pero remarcó que «sin tradiciones etnográficas, sin renovaciones y reinvenciones etnográficas, el mundo real sería incluso más segregante y violento que el que conocemos hoy en día, por eso estoy convencido de que si la antropología no existiera habría que inventarla y esto que parece trivial en realidad no lo es para muchos de nuestros países donde esa tradición es frágil y donde nuestras disciplinas están aún en ciernes». Según Grimson, «hay objetivos inherentes a la antropología que han cobrado una enorme relevancia social y política en estos años»: «la búsqueda constante de comprensión, de descentramiento, de desplazamientos antietnocéntricos, de crítica implacable a los modos de estigmatización cultural, exclusión social y cerrazón política».
El docente comentó que las tradiciones etnográficas han permitido entender situaciones locales o de grupos indígenas, afro, de sectores populares, de desigualdades de género «y más recientemente también de las elites y del Estado». Pero identificó que «uno de los desafíos cruciales para las antropologías desde el sur es incrementar los procesos de integración, de estudios y de generalización». Reconoció que la palabra «generalización» es «complicada para la antropología», pero insistió en la necesidad de agregar estudios e intentar buscar otras formas de generalización. «Si pensamos las sociedades como convergencias contingentes de múltiples puntos de vista, como construcción de sentidos comunes que suturan diferencias sociales y culturales como resultados de fabricaciones hegemónicas que muchas veces ocultan los espacios de divergencia, entonces la tarea de agregación y generalización excéntrica resulta crucial, tanto en términos epistemológicos como en términos políticos», insistió.
Según Grimson, la antropología puede contribuir a resolver debates «que no son estrictamente políticos» buscando comprender los puntos de vista. «¿Por qué sufrió hace varios años una derrota completa la promesa de un cambio en Paraguay, por qué sufrió recientemente una derrota electoral el kirchnerismo en Argentina? ¿Por qué cada día está más disputada y complicada la situación venezolana o brasileña? ¿Qué relación tiene esto con la alternancia que ya hubo en Chile? ¿A qué se debe la fragilidad de la llamada izquierda o del populismo o de ambos en varios contextos incluyendo el contexto peruano y colombiano? Allí donde no hubo derrotas como en Bolivia y en Ecuador ¿significa que no hay problemas?», preguntó a los latinoamericanos presentes. «La antropología debe asumir que en cada detalle, en cada microcosmos hay destellos de totalidades», remarcó.

Desafíos

Grimson enumeró seis desafíos de las «actuales antropologías desde el sur». Antes de eso, había insistido en otro desafío para la disciplina en América Latina: «construir y consolidar sus propios modelos de producción y legitimación de la producción antropológica resquebrajando todas las lógicas de escritura y publicación mainstream y habilitando otros modos de conocimiento para una antropología comprometida».
El primer punto que incluyó en la enumeración fue la necesidad de «analizar, investigar, entender usos de “populismo” y los usos de “izquierda” que parecen palabras muy obvias pero que no lo son y que están cargadas de múltiples significados en las sociedades y en las ciencias sociales», porque «las categorizaciones no sólo pueden iluminar procesos» sino que también pueden tener sentidos prácticos contradictorios.
En segundo lugar, aconsejó «estudiar legitimidades o las legitimaciones sociales de la desigualdad en nuestro continente». Expresó que «nuestro relativismo metodológico nos obliga a preguntarnos qué desigualdades la sociedad detesta y qué igualdades la sociedad detesta» porque «hay evidencias muy claras de que las distintas sociedades latinoamericanas tienen visiones que legitiman desigualdades de género, de raza, de etnicidad, de territorialidad, de clase y a mi juicio es muy claro que han sido escasas las políticas públicas que han intentado revertir esos sentidos comunes de una manera integral; cuando digo integral me refiero a una política comunicacional que incluya la ficción, a una política educativa, a una política cultural, etcétera», aclaró.
«Problematizar el multiculturalismo» es, según Grimson, otro de los desafíos. «El reconocimiento de las multiplicidades no implica propender ni apuntalar dinámicas de fragmentación y hemos vivido las consecuencias del multiculturalismo neoliberal y las seguimos viviendo en varios aspectos», comentó.
En cuarto lugar, mencionó la necesidad de «reconstruir y analizar los sentidos comunes». «Debemos reforzar los estudios sobre los mitos nacionales en su triple acepción de creencia popular, de verdades a medias y de su potencia performativa. Sin estudiar las creencias sociales arraigadas no podremos desentrañar las cosmologías instituidas, los marcos de significación de todo discurso y de todas las prácticas en circulación», dijo, y además pidió analizar la tensión de los sentidos comunes con «las políticas públicas realmente existentes».
Grimson subrayó la necesidad de «comprender las perspectivas existentes en los gobiernos, los Estados y los diferentes niveles», puntualmente los conflictos que hay a la interna del Estado, entre la llamada «mano izquierda» y «mano derecha» del Estado.

Como sexto desafío, indicó que «América del Sur necesita consolidar y desplegar su capacidad de producción de teoría antropológica». Identificó que América Latina ha hecho contribuciones muy significativas para el análisis de la teoría social, de la teoría de la dependencia, pero señaló «una deuda en antropología»: «tenemos que estudiar y sistematizar las sincronías de las contribuciones teóricas latinoamericanas con otras contribuciones teóricas». Y mencionó que además de sincronías ha habido «anticipaciones no reconocidas en cuestiones como globalización, hibridación, nación, cosmopolitismo, clase, género, raza, movimientos sociales, entre muchos otros».
Por último, Grimson insistió en aplicar una mirada antropológica sobre los grandes procesos políticos latinoamericanos y resaltó la necesidad del descentramiento. «Toda contribución a la comprensión de puntos de vista ajenos, todo aporte que permita captar algo acerca de las complejidades de la circulación de sentido debe ser recuperada por la antropología para construir una mirada general que no sea generalizante, una mirada del centro que no sea céntrica, una mirada sobre los devenires de la hegemonía que se base en reconstruir múltiples periferias, sus divergencias y sus convergencias cambiantes», expresó.
El docente pidió prestar especial atención a los quiebres que se dan «entre las percepciones sociales heterogéneas y las autopercepciones del gobierno» porque «cuando esa distancia se incrementa los sectores sociales no solo perciben sus condiciones de vida como insuficientes sino a los gobiernos como insensibles ante dicha insuficiencia». Señaló que las ciencias sociales y la antropología «se vinculan con las tareas de desnaturalización y de jamás colocar los síntomas como causa del malestar». Pidió deshacer «mecanismos de causación instituidos» del tipo «roban porque están enfermos». «Obviamente no se trata de negar la angustia del desempleo ni del miedo al delito, se trata de comprender con relativismo metodológico para deshacer articulaciones hegemónicas, se trata de deshacer para transformar. A mi juicio. la antropología desde el sur tiene la potencialidad de comprender sociedades con perspectivas múltiples, puede contribuir a deshacer suturas hegemónicas, al hacerlo revela una condición sine qua non de una política de mayorías. Esto es la necesidad de la etnografía, del descentramientiento, y en fin, es la necesidad de la propia antropología para que nuestras sociedades puedan ser más democráticas y más igualitarias», remató.

 

 

Fotografías de la ceremonia y conferencia de apertura de la XI RAM

 

 
 
 
 

 

*Noticia tomada del portal de la Udelar

Fotos: XI RAM

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