foto middlebury Cada semestre recibimos estudiantes universitarios norteamericanos que  vienen a hacer intercambios a través del programa Middlebury (Convenio  Udelar-FHCE-Middlebury College). Su presencia en nuestra facultad se ha  mantenido en forma constante desde que comenzó a implementarse hace  10 años.

Dialogamos con el director del programa para América Latina Dr. Claudio  González Chiaramonte y la coordinadora de los intercambios en Uruguay,  Sylvia Murninkas, para conocer con más detalles la experiencia de estos  intercambios.

- Comencemos por explicar qué es el Middlebury College.

CGC: Middlebury College está en Vermont, al norte de Estados Unidos. Es una universidad muy pequeña y se denomina «de artes liberales», en el sentido de que no se enseñan carreras orientadas hacia lo profesional específicamente. Tiene un currículum muy ancho que incluye a las ciencias, las artes, las humanidades y las ciencias sociales. Es una universidad pequeña, de 2300 estudiantes en un pueblito de 4000 personas. Desarrolló un programa de lenguas muy prestigioso en Estados Unidos –en América del Sur es totalmente desconocido- pero dentro del país es muy fuerte, con un programa de enseñanza en una gran cantidad de lenguas.

Ellos comenzaron a desarrollar muy tempranamente programas de intercambio. Lo más tradicional fue haciendo intercambios con Francia y Alemania, a principios de siglo y luego se incorporó España.

 -¿Cuándo comenzaron a pensar en los intercambios con América Latina?

CGC: Hay universidades norteamericanas que tienen programas muy tradicionales en América Latina porque tienen intereses con profesores o proyectos de investigación.

Middlebury no tenía un programa en América Latina, en principio, porque muchos estudiantes viajaban a México por vacaciones y más o menos satisfacían su curiosidad. Comienzan a interesarse a fines de los ´90; llegamos acá, al programa original que es con Argentina (Buenos Aires) y Uruguay (Montevideo), en 2002. Para ese entonces, Middlebury ya tenía programas con muchos países tradicionales de Europa –Francia, España, Italia, Alemania- también en Rusia. Abrieron sus programas a Japón, China, Israel, dos programas en el mundo árabe y lo más nuevo es con Camerún. A nivel de América Latina ahora empezamos a trabajar en Brasil y Chile.
Lo que se busca es que el estudiante pueda continuar su carrera con materias cuyos créditos van a ser reconocidos cuando vuelvan a Estados Unidos pero Middlebury es diferente de la mayoría de los programas norteamericanos en el extranjero.

-¿En qué se diferencia?

CGC: En que se busca la inmersión, lo más parecido a la vida corriente, de los locales.

Si vos vas a ciudades como Santiago de Chile, Valparaíso, Buenos Aires, Río de Janeiro, vas a ver muchos programas norteamericanos que son lo que se llama «programas-isla». Los estudiantes llegan a la universidad x, alquilan un aula y enseñan 5 materias para un grupo cerrado de norteamericanos. Hay un ejemplo absurdo en Buenos Aires -que no voy a nombrar- que enseñan las materias en inglés. Los estudiantes viven todos juntos, hacen excursiones entre ellos y no se integran casi nada a la cultura local.

-Se les arma un paquete «all inclusive» para ellos.

CGC: Es turismo académico y riesgo 0. Eso se corresponde mucho con la cultura del college, la cosa cerrada, autorreferencial, provinciana, la desconfianza hacia el extranjero, hacia América del Sur desde lo que ellos perciben como inseguridad o como falta de calidad académica.

Nuestro programa es muy diferente porque los estudiantes están obligados a traer un nivel suficiente de español -o de portugués si van a Brasil- como para tomar las mismas clases que el resto de los estudiantes. La idea es que sea uno más y que no tenga favores especiales del profesor, más allá de alguna lógica comprensión de un tiempo extra para explicarle algo por una cuestión idiomática. Se espera que tenga una vida lo más normal posible, viven con familias locales, les organizamos trabajos voluntarios, buscamos su inserción/adaptación a la cultura local.

-¿Cada año crece la cantidad de estudiantes que eligen venir a América Latina o más o menos es un número estable?

CGC: A nivel global, desde el punto de vista de Estados Unidos, es más atractivo ir a China o al mundo árabe. Son los grandes imanes de los últimos 10 años porque imagino que es más probable para ellos luego obtener trabajos en esos entornos.

El español recibió un gran empuje por el crecimiento en su mercado local, desde ese punto de vista, América Latina le quitó mucho mercado a España y a México. Hay programas muy fuertes en Chile, Perú, Ecuador...Colombia, por razones obvias de inestabilidad social, dejó de traer estudiantes hace 20 años.
Luego, por un montón de variables, se detuvo el crecimiento de estudiantes estadounidenses en el extranjero pero se mantiene estable. No hay una explicación clara, seguramente tiene que ver con la crisis interna. Los gobiernos de Obama han hecho esfuerzos para reforzar los programas de intercambio.

La diferencia en los sistemas educativos

-El sistema educativo estadounidense es muy diferente a los nuestros. En ese sentido ¿cómo se articulan los intercambios para que sean exitosos?

CGC: La estructura académica norteamericana es muy flexible, modular, entonces es muy fácil para ellos tomar materias en diferentes instituciones dentro de Estados Unidos, por ejemplo. Es lo que está haciendo el Erasmus Mundus en Europa.

-Y hacia allí también va América Latina con los cambios y reformas de planes de estudios.

CGC: Si, está todo el trabajo que ha hecho Cristina García Puster (Programa Movilidad Mercosur-PMM) que es modular las estructuras de las universidades del cono sur para que la movilidad sea fácil.

-Nuestras estructuras muchas veces son muy rígidas para que las movilidades puedan hacerse sin problemas.

CGC: Si, es verdad.

-Entonces, del 2002 a la fecha, Middlebury viene haciendo intercambios en el Río de la Plata. ¿Qué evaluación hace de todos estos años de implementación del programa?

CGC: Yo estoy satisfecho con lo que hacemos y ansioso por hacer más cosas. Satisfecho porque vemos que los estudiantes vuelven con un aprendizaje muy integral, logran desarrollar un conocimiento de la sociedad local y tener una mirada crítica tanto sobre la cultura local como sobre su propia cultura cuando vuelven.

Si yo hablo de los intercambios en términos institucionales, necesito que aprendan, tengan buenas notas y que haya una corriente de estudiantes cada vez mayor. Eso lo logramos. Empezamos con 3 estudiantes en el programa; tenemos 45 o 50 por semestre entonces, desde ese punto de vista, es exitoso.
Desde otro punto de vista, debemos pensar que estamos trabajando con estudiantes que, por el nivel de educación y status social que tienen en Estados Unidos, por las posibilidades de acceso a la educación y a los trabajos, van a ser parte de la clase dirigente del país dentro de 10 o 20 años; entonces creo que aquí ocurre un proceso estratégico en el cual estos estudiantes deben conocer América Latina y tener una mirada crítica sobre su cultura.
La estructura curricular norteamericana es mucho más flexible, más práctica pero también responde al mercado norteamericano que es mucho más flexible y más rico. El currículum de nuestras universidades responde a nuestra historia y a nuestras necesidades.
Un estudiante que termina un Bachelor, título que reciben luego de 4 años de college, tiene un conocimiento muy bajo de áreas específicas. Es un conocimiento muy transversal, con una concentración baja en disciplinas específicas como historia, química, es como un bachillerato reforzado. Nuestras universidades te preparan para trabajar. Tenemos una profundización muy seria, muy ambiciosa de cada campo. Ahí ves los choques de la mundialización: exagerando un poco, un chico de 21 años termina el Bachelor en Estados Unidos y busca trabajo en un lugar al que se puede acceder desde cualquier parte del mundo. Puede ir porque tiene un Bachelor; un estudiante del Río de la Plata va a terminar su licenciatura, con mucho esfuerzo, si termina rápido a los 22, 23, 24 años, va a ir con mayores conocimientos pero está en desventaja. En alguna medida, las carreras nuestras, dan contenidos que son de master en EEUU.
Son espacios diferentes, con lógicas educativas, profesionales, de circulación de capitales distintos: son dos mundos diferentes.
Para los estudiantes norteamericanos, venir aquí es un desafío muy grande, no solo es la lengua sino que se enfrentan a un currículum mucho más potente. 

Los intercambios en Uruguay

-Sylvia, tu coordinas todo lo que tiene que ver con la venida de los estudiantes norteamericanos a Uruguay. ¿Cuál es el volumen de estudiantes que vienen a nuestro país dentro del programa? Sabemos que no todos vienen a nuestra facultad.

SM: Yo estoy coordinando desde el año 2007. Podemos considerar como promedio que vienen unos 5 estudiantes por semestre aunque esto varía, por ejemplo, en este semestre tenemos 13. A Humanidades han venido estudiantes durante todos los semestres.

Los estudiantes vienen todos a casas de familias y enseguida se sienten integrantes porque tenemos un criterio de selección muy exhaustivo, están en lugares donde les gusta recibirlos. Hay naturalmente una etapa de adaptación pero se integran rápidamente, este sistema no es lo mismo que si vinieran y se quedaran todos juntos en un Hostel, la familia les da mucha contención.
Montevideo es una ciudad pequeña, con dimensión humana, se adaptan fácilmente.
Las dificultades académicas son las que hablaba Claudio recién, las diferencias en el encare que tienen ellos, el tipo de pruebas. Sin embargo, creo que les va bien, en estos años en que yo estoy, si mal no recuerdo, ha habido tan solo dos aplazos y algunos casos en que salvan con muy buenas notas. Yo creo que pueden estar un poco en desventaja frente a la currícula de acá pero también hay que decir que son estudiantes muy aplicados. Se organizan muy bien en el tiempo del estudio y ahí si veo que hay una cultura diferente. Les cuesta un poco adaptarse a clases de 3 horas pero nunca llegan tarde y les llama mucho la atención, -particularmente esto pasa en Humanidades-, como los estudiantes siguen llegando una o dos horas después que la clase empezó.

CGC: Nosotros les aconsejamos a los estudiantes que suspendan los juicios comparativos. Lo que tienen que hacer es vivir las estructuras, las situaciones, el contacto con la gente. Tienen que aprender a aprender en un contexto diferente. No vas a tener el aula inteligente, a veces hace frío, a veces hace calor, el profesor está con tiza o hay una huelga...son maneras diferentes de aprender, ni mejores ni peores, con sus distintos bemoles. Un estudiante del college tiene todo servido, una estructura perfecta, una relación más pasiva, en cambio, el estudiante sudamericano es responsable por todo.

En contra de mi prejuicio inicial, «estos estudiantes van a tener muchos problemas respecto a nuestro acercamiento al conocimiento» en donde muchas veces pecamos de estar demasiado tiempo con las aproximaciones teóricas y con las especulaciones abstractas y luego de allí bajamos a considerar los casos de análisis, demuestran una capacidad para hablar nuestro idioma que es de mucho respeto.

-La dificultad con el idioma no es un problema menor porque no solamente se trata de que puedan atender y comprender en clase sino que luego tienen que enfrentarse con las exposiciones orales, los parciales y trabajos escritos.

SM: Una vez una estudiante me dijo «es la primera monografía que hago en mi vida, yo no he escrito monografías en inglés» y estaba excelente.

-¿Ellos reciben clases de apoyo cuando están acá?

SM: Si, tienen un curso una vez a la semana con el objetivo de mejorar la adquisición y el aprendizaje en lo que se refiere a la comprensión y producción oral, la lectura y la producción escrita.

-¿Cuál es el promedio de edad de los chicos y chicas que vienen?

SM: Entre 19 y 21 años. Vienen cuando están en el tercer año de cuatro que están en el Bachelor. 

La marcada tendencia hacia las Humanidades

-¿Por qué esa inclinación hacia Humanidades?¿Por qué eligen tanto venir aquí?

CGC: Tradicionalmente esa era la norma dentro de los intercambios que eligen los estudiantes extranjeros. Originalmente, la gran mayoría de estudiantes que iba al extranjero era el estudiante de lengua: el que hacía francés se iba a Francia, el que hacía español a Madrid o México pero luego, en algunas universidades,se comenzó a trabajar más en expandir ese paradigma hacia las ciencias sociales, y las artes. En los últimos años se hizo más compleja la selección de los cursos que están tomando, ahora la nueva frontera está en los estudiantes de ciencias, que es una cuestión tanto lingüística como cultural. En algunos casos, algunos profesores de las universidades norteamericanas no están convencidos de que la matemática que se enseña en Colombia sea suficientemente buena, quieren tener un control de sus formandos.

Todo esto está cambiando bastante aceleradamente en estos últimos 5 años y se están expandiendo las partes del currículum a donde estos estudiantes están llegando. Las Ciencias Sociales y las Humanidades siguen siendo el centro de los intercambios pero ya no son el punto exclusivo.

-De los que vienen a Uruguay y no vienen a Humanidades ¿a dónde van?

SM: A la Universidad ORT o a la Universidad Católica.

-¿También toman materias en Humanidades o de otras ramas del conocimiento?

SM: En ORT van a estudiar materias de Relaciones Internacionales o relacionadas con lo Audiovisual y en la Universidad Católica, todo lo relacionado a lo empresarial, psiciología, sociología.

La idea del programa es que si quieren estudiar letras sea en Humanidades, que sea por lo académico y no por si es estatal o privado.

CGC: Muchos estudiantes quieren la experiencia en la universidad pública sudamericana, otros prefieren un entorno teóricamente «más protegido» que se lo darían las universidades privadas.

SM: Muchos estudiantes que vienen aquí, de repente no son estudiantes de Historia o de Letras pero si pueden tomar esas materias para sus créditos.

Las materias que toman en la ORT o en la Universidad Católica las hacen en grupos más homogéneos, tienen las mismas edades, están más contenidos, es una cosa más personalizada y se sienten más como en casa pero muchos quieren vivir la experiencia en contrario.

-De ser anónimos, con menos comodidades materiales...

SM: Si, en grupos más numerosos y heterogéneos donde se da otra dinámica y otro tipo de relación con el entorno educativo.

-Lo que observo en los estudiantes de intercambio que vienen a nuestra facultad –no solo los del Middlebury sino todos en general- es una tendencia a querer tomar los curso de literatura latinoamericana y/o la uruguaya y lo mismo con historia: historia americana, historia uruguaya.

CGC: Los estudiantes hacen elecciones muy quirúrgicas, muy específicas por los requisitos que tienen, lo cual los conduce a tomar materias respondiendo a obligaciones académicas en EE.UU. y, en menor medida, de acuerdo a sus ganas.

Yo personalmente me pongo contento cuando vienen estudiantes buscando algo específico, algo argentino, brasileño, uruguayo.

-¿Qué es lo que buscan los estudiantes que vienen acá?

CGC: Estos estudiantes buscan expandir su experiencia. No veo que muchos de ellos tengan un objetivo estratégico del tipo «voy a hacer negocios en América del Sur». Podes ver alguno con objetivos estratégicos cuando trabajan con recursos naturales entonces si están interesados en aprender sobre una problemática específica.

Hace relativamente poco que estamos acá. Los primeros estudiantes que vinieron hoy están en el entorno de los 30 años, con sus primeros trabajos. Hay un 10% que están teniendo trabajos fundamentalmente en Brasil, en Argentina o Uruguay no he detectado.

SM: Yo creo que vienen a mejorar su español y conocer otra cultura.

  

Entrevista realizada por Karina Thove, Coordinación Administración de la Enseñanza, 1.8.2013, día en que recibimos a los 4 estudiantes estadounidenses que están haciendo su intercambio este semestre en la facultad.

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