La tecnicatura no ha abierto las inscripciones desde el año 2010. 

La importancia de los museos como espacios vivos de recuperación de identidad y de reflexión en torno a diversos cauces de la acción humana, exige —desde las actuales perspectivas de la museología— una renovación de los criterios y las prácticas con que, por lo general, se ha venido sirviendo en el país la oferta museística. Dicha oferta ha oscilado entre el simple depósito de objetos y un esteticismo estéril, pasando por la ignorancia de sujetos protagónicos de la sociedad a lo largo de casi tres siglos (no hay un museo de la esclavitud, ni un museo de la inmigración, ni un museo del trabajo, ni un museo de la mujer y del niño, para señalar algunas de las ausencias más notorias).

En el país se cuenta con aproximadamente 150 museos (nacionales, departamentales, locales, institucionales), pero se carece de ámbitos específicos de formación del personal técnico para las tareas que el funcionamiento de los museos exige. Esto ha sido suplido por prácticas no siempre ajustadas a los criterios imperantes en la materia, que han sido objeto de definición académica y promoción internacional.

La aludida carencia ha inhibido, asimismo, la renovación de muchos de los museos existentes, apegados a modalidades de funcionamiento y organización del público y, en particular, de los jóvenes, todo lo que ha redundado en un anquilosamiento pernicioso y en la subutilización de las potencialidades que corresponden a los acervos custodiados.

El conjunto de disciplinas implicado en el desarrollo de las actividades museísticas y en la formación de técnicos en museología está presente, en su mayor parte, en la estructura académica de la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación, por lo que la implementación de la carrera en el seno de esta permite orientar hacia formaciones esencialmente prácticas una masa crítica consistente.

En el marco del Área Social de la Universidad de la República es posible, por otra parte, hallar los espacios académicos concurrentes a esta formación —en especial, los vinculados con las ciencias de la información—, habilitándose contactos de sumo interés entre servicios y experiencias concretas de interdisciplinariedad y complementariedad disciplinaria. Las posibilidades de acciones conjuntas con otras áreas de la Universidad (en especial el Área Artística) facilitarán, asimismo, labores de mejoramiento de la oferta curricular que se propone.

La puesta en marcha de la carrera habilita un espacio de formación para buena parte del personal idóneo, pero sin formación curricular, que hoy revista en diversos museos. De tal forma, la Universidad está atendiendo a un mejoramiento de la calidad de las instituciones existentes, a partir de la satisfacción de una demanda no desdeñable. Sin perjuicio de ese universo potencial de interesados en la oferta curricular de la carrera, esta resulta un canal provechoso para jóvenes que ingresan a la Universidad o para estudiantes universitarios que deseen reorientar sus opciones formativas. En este último caso —y en referencia particular a los pertenecientes a la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación— el Consejo de la facultad elaborará, una vez aprobado el plan de estudios de la TUM, un cuadro de equivalencias a los efectos de la fácil reconversión curricular.

La creación de los estudios museológicos en el rango de una carrera corta atiende al rezago académico registrable en el país, pero no inhibe en el futuro —una vez que se haya avanzado en la experiencia formativa— la formulación de planes curriculares en el nivel de licenciatura o de especializaciones o posgrados. En todo caso, estas alternativas deberán ser resultado de una consolidación en el campo disciplinario, antes que una oferta débil en su punto de arranque.

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