A 30 años de la transición uruguaya, los historiadores Marchesi y Demasi opinaron sobre los avances y los asuntos a resolver en la nueva democracia.


 

La mañana del 14 de agosto de 1986 el David ubicado en la explanada de la Intendencia de Montevideo amaneció vestido con un pañal. La intervención formaba parte de una protesta por la censura municipal de una muestra de arte. El hecho fue, según algunos historiadores, uno de los tantos gestos que marcaron otros sentidos sobre la nueva democracia.

Este suceso fue elegido para ilustrar el afiche de un evento organizado por la Universidad de la República para conmemorar las tres décadas de la transición, titulado «1985. Expectativas y disputas en torno a la nueva democracia». Allí, diferentes actores políticos polemizaron sobre la transición hacia la democracia, sus consecuencias actuales y las de largo plazo, que culminaron en el Pacto del Club Naval de 1984 y en los efectos de la Ley de Caducidad. 

Los historiadores Aldo Marchesi y Carlos Demasi, miembros del comité organizador del evento, conversaron en Televisión Nacional sobre la vuelta de la democracia, su solidez y sus debilidades.

Consultado acerca del concepto de «nueva democracia», Marchesi explicó que surge a partir de lo que se generó luego de 1985: «Fue un nuevo resultado, nuevas agendas políticas y culturales y una nueva relación entre los partidos políticos y las organizaciones sociales». 

Por su parte, Demasi evaluó la situación de esta nueva democracia y consideró que en función de los estándares internacionales «estamos muy bien» ya que la nuestra es «una democracia que implica ciertos niveles ‘normales’ de relación con los gobernantes, con la ciudadanía y con los movimientos sociales». 

Visto desde una perspectiva nacional, consideró que todavía tenemos cuentas pendientes. «La democracia tendría que trabajar más en la igualdad social, trabajar más en la línea que ha trabajado últimamente de ampliar el espacio de los derechos y de la visibilización de sectores sociales que generalmente quedaban invisibilizados. En esa línea se ha avanzado pero queda mucho», agregó.

Para Marchesi, «hay un sentido común establecido en Uruguay acerca de que, frente a Chile, estamos mejor en algunos asuntos democráticos». A su entender, Uruguay tiene un déficit mucho mayor que Chile en materia de juicios por violación a los derechos humanos y de políticas vinculadas a la reparación, a la memoria y justicia, y a los intentos de reflexionar públicamente por parte de los Estados acerca de lo ocurrido en la dictadura.

«Es uno de los claros problemas de la transición que heredamos hasta la actualidad y que, en alguna medida, opaca otras dimensiones bastante positivas de la transición uruguaya. Algunas políticas vinculadas a los derechos humanos como la amnistía o la conmutación de pena para los presos políticos o el apoyo por parte del Estado al retorno de los exiliados en Uruguay fueron fenómenos muy interesantes. Donde claramente se obtura este asunto es en lo que tiene que ver con los procesos de verdad, memoria y justicia», concluyó. 

*Artìculo tomado de Televisón Nacional Uruguay: http://www.portaltnu.com.uy/video.php?vid=1072 

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