La presencia de
indígenas guaraní parlantes procedentes de los pueblos misioneros Jesuitas en
territorio uruguayo se da desde los inicios de la fundación de las Misiones en
los actuales territorios de Brasil Argentina y Paraguay. La riqueza ganadera no
explotada y la tardía colonización masiva de la región platense hacen que
Por
otra parte, en forma paralela
Existen
otras instancias de traslado de indígenas misioneros que terminan con su
afincamiento parcial y por lo tanto su aporte genético a nuestra población
rural. Ellos son la construcción de los edificios y defensas militares de
Montevideo y Maldonado, la construcción fundacional de pueblos como Minas,
entre otros. Esta presencia guaraní-misionera en territorio Oriental se da a lo
largo de la administración Jesuita de
las Misiones, y continúa posteriormente a la expulsión de
En
este último período, el episodio bélico protagonizado por el Gral. Rivera
ocupando y tomando los Siete Pueblos Orientales en 1828, va a generar
nuevamente movimientos de indígenas, dando lugar a una inmigración masiva de
misioneros a nuestro territorio, portadores de la ya muy desdibujada herencia
misionera jesuítica y de un número importante de elementos materiales,
vinculados fundamentalmente con el culto de la religión católica, que van a
dejar su huella al permanecer en nuestro territorio. Causa directa de este
movimiento producido y dirigido militar y políticamente por el Gral. Rivera, va
a ser la fundación de la Colonia Santa Rosa del Cuareim
-actual ciudad de Bella Unión (1828)- y posteriormente otros pueblos, entre los
cuales se encuentran San Francisco de Borja del Yí
(1833-1862) y San Servando (1833-1853)
La
instalación de indígenas provenientes de
las Misiones Jesuíticas en territorio oriental se inicia con las primeras
explotaciones ganaderas de la región en el siglo XVII. Según algunos historiadores (González
Rissotto y Rodríguez, 1990, 1991) esta
inmigración guaraní-misionera se ha producido de acuerdo a tres
modalidades. En primer lugar, escapes de
individuos aislados o pequeños grupos, relacionados con las diferentes
actividades generadas por la explotación de ganado durante los siglos XVII y
XVIII. En segundo lugar, los traslados masivos de indígenas efectuados para ser utilizados en tareas
civiles y militares, ocupando parte del siglo XVII y casi todo el XVIII.
(González Risotto y Rodríguez, 1990) Por
último, ya finalizando el siglo XVIII y
durante la primera mitad del XIX,
asentamientos masivos producidos por el abandono voluntario de otros
lugares de ocupación. (Cabrera y Curbelo, 1988) Dentro de las características
de estos últimos se incluye la numerosa masa de individuos que se traslada con
el General Rivera desde las Misiones en 1828-29.
La
llegada de un número importante de familias de origen misionero a nuestro
territorio en 1829 y la fundación de poblados con ellos representa una etapa
terminal, vinculada con el nucleamiento de indígenas misioneros fuera del
entorno que aún perduraba de los pueblos misioneros, a mediados del siglo XIX.
Es el resumen final de la historia de un grupo humano que, poseedor de pautas
culturales propias (precoloniales), es absorbido por un grupo social del sistema
colonial europeo, viendo modificar su lengua, sus estructuras sociales y
políticas, sus pautas de subsistencia y su religión, bajo la rígida
organización de los padres de
Las
características socioculturales de esta población, recuperadas a partir de la
documentación escrita y desde el registro arqueológico, nos permiten conocer
detalles de los comportamientos de cambio y permanencia de estructuras,
coherencia étnica, organización social, preferencias dietarias y organización
del espacio ocupado, que conforman un corpus de conocimiento muy importante para
conocer qué sucedía con los indígenas misioneros en el siglo XIX, cuando aún
mantenían elementos de coherencia y reproducción social como grupo étnico.